El valle del lamento


Fría, fría y despiadada, bajo lágrimas de lluvia
era una ciudad desierta, era una ciudad olvidada
cundida de tonos grisáceos, otros blancos, otros negros
negros como fauces de bestia salvaje.

Construcciones de piedra, de mármol
aceros retorcidos en el puente al final de la calle
pero, !que oigo¡, !que veo¡, gente muere, gente llora
gente que se retuerce entre la sombras.

Gritan a grandes voces, gritan sin ser escuchados
Dios se ha olvidado de ellos, son sólo una mentira
rondan entre cavernas, guaridas de espanto,
no son más que clamores silenciosos.

fría, fría y despiadada, la gente en la niebla
esperando el tren que no va a ningún lugar
el mismo de la estación fantasmal en medio del camino
el vasto y arruinado camino de culpas y falacias.

Las campanas de la iglesia, ya no suenan, ya no suenan
nadie muere, solo dejan de vivir pues ya no sienten,
se pudren en sus lamentos, en medio de sollozos
víctimas del tiempo, de la vida, de los fracasos.

Que tenga el cielo piedad de sus almas,
pues en el infierno yacen ya quemadas
y sus cuerpos, que aun merodean entre sombras
se ven pasar todo el día por el valle del lamento.

JUAN RUIZ

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