¿COMO DEBE DE SER LA MUERTE?

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A veces me pregunto: ¿como debe de ser la muerte?, ya lo sé, soy muy joven para pensar en ese tipo de cosas, pero, ¿no es mejor hacerlo ahora para estar preparado ante lo inevitable?
La muerte debe de ser como una cita a ciegas con el destino, una cena con el frío de la oscuridad eterna, tal vez una gala de espíritus errantes y vagabundos que no han encontrado su lugar, las pláticas de poesías olvidadas y el recuerdo de los poetas muertos, la muerte en sí misma debe de ser como el recuerdo de toda una vida llena de placeres y gustos, de provechos, de alegrías, de regocijo, no de penas, nada de tristeza, porque al fin y al cabo al otro lado (según creencias) no podemos disfrutar de las mismas tentaciones terrenales, ¿por qué no aprovechar?
La muerte debe de ser una balada intensa, que recorre tu espina dorsal, que se adueña de tu mente, te hace ver las cosas con diferentes ojos, ese ritmo que te hace bailar, sin sonido, sin luz, sin compañía, simplemente ese deseo de mover tus huesos y sentirte vivo, porque cuando mueres te debes sentir más vivo, ya no hay dolor, ya no hay sentimientos, no hay heridas, no hay tristeza, ni tampoco compasión, morirse debe ser la música que acompaña un camino infinito, la sinfonía intensa del más allá.
Morirse debe de ser como acostarse y descansar, descansar del mundo y sus quejas, de los que nos rodean y sus penurias, de los vándalos y sus amenazas, del ruido de las bocas que nos callan y que nos hablan, morirse, acostarse, conciliar un sueño más tranquilo que el nocturno, ¿por qué no intentar descansar para siempre?
Algunos dicen que la muerte es fría, pero, ¿acaso el alma siente frío? es más, ¿acaso el alma siente?, cuando está encerrada en un cuerpo, el alma es solo una victima de la vulnerabilidad de los sentidos, morirse debe de ser como levitar, debe ser un éxtasis esporádico, ves cosas que nunca pasaron por tu cabeza, y sientes un batir de alas tremendo, tu alma se llena de alas, la muerte llena de alas a tu alma, ¿por qué tener miedo de morir?
Decaer, llorar, despedirse, el adiós es para los cuerpos, no para las almas, un hasta luego sirve, el cuerpo cae, se pudre, desaparece, el alma encuentra en la muerte su resurrección, se limpia, olvida lo que fue y emprende una nueva huida.
En varias ocasiones, la muerte puede ser dolorosa, un disparo, una herida mal curada, un cáncer, pero aceleramos el proceso de descanso que implica el deceso, ¿que no es eso lo mejor? que la muerte sea rápida y si es dolorosa mucho mejor, porque sabremos realmente lo que es el no sentir cuando estemos del otro lado. La carne se pierde, la muerte se lleva mientras tanto al alma en sus manos y como en un parque de diversiones, la lleva a conocer el universo que como hombres no podemos descubrir, eso debe ser la muerte.
¿como debe de ser la muerte? la muerte es de por sí, un abstracto categorizado por las malas lenguas como un subliminal, como un miedo más, le tememos a la muerte porque debe ser como el amor, pero no es así, al amor le faltan alas, el amor contemporáneo ya no es de dos, no se siente el éxtasis verdadero, en tanto que la muerte fiel compañera, toma tu mano, y es tan segura y siempre dispuesta que no cesa de esperar;
no puedo decir que no le temo a la muerte, porque como cualquier mortal, me he encaprichado tanto con lo que palpan mis sentidos que la pena me agobia en el hecho de pensar en lo que será de aquello que idolatré en la tierra.
Lo mismo sucede recíprocamente, tal vez alguien me idolatre, me ame más que a su vida, pero errar es de humanos, ¿porque queremos a la vida sí termina siendo tan corta? ¿por qué queremos a humanos cuya vida es más corta que la vida en sí misma? la vida podríamos tomarla como el miedo más grande de todos, porque a fin de cuentas es un chiste cruel y corto, que viene, nos ilusiona y luego nos quita todo.
No quisiera dar final a este escrito, para no darle gusto a la vida, sin embargo sigo siendo humano, un poeta, que si se le diera a escoger una corta vida con cientos de cosas por descubrir, o una muerte sin remordimientos y penas, sin sentido alguno, escogería la vida, porque, repito, sigo siendo humano, esa carne ansiosa por descubrir las sensaciones que el tiempo fugaz depara en nuestro camino.
JUAN RUIZ

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